TENDENCIAS
EN EL SISTEMA FINANCIERO ARGENTINO:
INTENTANDO
DEJAR ATRÁS LA CRISIS
INTRODUCCION
·
El sistema financiero argentino desarrolló en los ’90
normas estrictas en materia de liquidez y solvencia adaptándose a las
normativas internacionales. En ese marco tuvo una fuerte expansión caracterizada
por una elevada dolarización de los activos y pasivos de las entidades
financieras, una importante participación de instituciones de capital
extranjero y un fuerte desarrollo de la banca de individuos y de los
préstamos al consumo.
·
El sistema financiero argentino superó en esa década crisis
financieras de países emergentes (México, Sudeste Asiático, Rusia, Turquía,
etc.) pero finalmente no resistió a la crisis macroeconómica que terminó
con el régimen de la convertibilidad, desatada ante la desconfianza
sobre la capacidad del Estado Nacional de hacer frente a los vencimientos
de la deuda pública. La economía en su conjunto y el sistema financiero
en particular soportó desde fines del año 2001 un conjunto de medidas
que significaron la pérdida de la seguridad jurídica, el desconocimiento
de los derechos de propiedad y una creciente desconfianza sobre las
instituciones financieras.
·
Luego de más de un año de constante deterioro el sistema
financiero comienza recién a estabilizarse desde el punto de vista de
su liquidez, teniendo que definir las necesidades de su reestructuración
y las bases para su recuperación.
·
El análisis de las características de la crisis financiera
que se está viviendo, su impacto sobre la estructura patrimonial y de
resultados del sistema, y las necesidades mínimas del futuro sistema
financiero nos ayudarán a analizar las tendencias futuras de la banca
y los caminos a transitar a efectos de alcanzar su recuperación.
I. La situación
previa a la crisis
El
sistema financiero argentino tuvo grandes cambios estructurales durante
la década del 90 caracterizadas por el establecimiento de exigentes
regulaciones prudenciales, un notorio incremento en la participación
de entidades de capital extranjero en línea con la mayoría de los sectores
de la economía y un fuerte desarrollo del crédito al consumo.
Al
momento del comienzo de la crisis financiera (que podemos ubicar a mediados
del 2001) el sistema financiero presentaba como características principales:
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Dos años sin crecimiento: Donde se distingue el caso argentino
al tiempo de iniciarse la crisis financiera en relación a muchas otras
crisis internacionales. En ellas el crédito comúnmente venía creciendo
en un marco de sistemas financieros con ausencia de normas prudenciales
estrictas y pobre supervisión. En el caso argentino en un contexto donde
la actividad económica había comenzado a disminuir a partir de mediados
de 1998 el crédito comenzó a caer desde 1999 y a junio de 2001 había disminuido
un 13%.
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Con un sistema financiero con diversos tipos de entidades: Que
había adquirido una fuerte presencia de entidades de capital extranjero
y presentaba instituciones con distinta focalización del negocio financiero:
La banca universal de amplia cobertura nacional, creciente presencia
extranjera y participación en todos los segmentos del negocio financiero;
La regional con ventajas competitivas en sus zonas de influencia y con
amplia presencia de entidades que habían sido privatizadas en años anteriores;
Las entidades especializadas de gran número y tamaño pequeño, focalizadas
en uno/ dos productos, con creciente presencia en los segmentos de individuos
y pymes; Entidades mayoristas más dedicadas al comercio exterior, atención
de grandes empresas y negocios de tesorería y los bancos públicos de diverso
tamaño y liderazgo en el crédito en el interior del país. En los últimos
cinco años previos a la crisis del 2001/02 contrasta la desaparición de
entidades regionales en el pos Tequila (fusiones, absorciones, cierres)
y la privatización de bancos oficiales de provincia con el incremento
en el número de entidades especializadas focalizadas fundamentalmente
en el negocio de préstamos al consumo.
Los distintos tipos de entidades están
orientadas a distintos negocios y su participación varía en los distintos
segmentos del mercado. Por tamañlo de activos la banca universal y la
banca pública ( las entidades de mayor dimensión individual) lideran
claramente el sistema financiero argentino. En términos de cantidad
de clientes de préstamos la banca pública reduce su participación y
la aumenta la banca regional y fundamentalmente la banca especializada
que enfoca su actividad hacia las empresas de menor tamaño y los individuos
de menores niveles de ingreso relativo. A su vez, ubicados en el segmento
de crédito al consumo la presencia de la banca especializada aumenta
claramente si se considera no sólo el stock de cartera en el activo
de estas entidades sino también la cartera negociada a través de fideicomisos
como la cartera vendida a otras entidades (usualmente universales).
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3
Condiciones de liquidez superiores al mercado internacional:
La regla de la ley de convertibilidad
exigió, debido a sus limitaciones para que el Banco Central actuara
como prestamista de última instancia, normas de liquidez exigentes superiores
a las vigentes internacionalmente. Y así se mantuvieron hasta la crisis
con integraciones de liquidez que superaban las demandas que podrían
generar crisis como las que había tenido Argentina en el pasado (por
ej. Tequila).
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Sólidos indicadores de solvencia debilitados por la relevancia de los
activos públicos: El sistema financiero
argentino presentaba elevados requisitos de capital integrados en exceso
por las entidades. La creciente presencia de activos públicos, que no
exigían capital adicional y no se previsionaban, fue minando en la realidad
ese exceso de capital - especialmente en el grupo de entidades con fuerte
exposición al sector público nacional y provincial- a medida que el valor
de mercado de dicha deuda fue bajando claramente de valor.
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El descalce real de monedas: El sistema financiero
estaba básicamente dolarizado si observamos la composición de activos
y pasivos por moneda. Los pasivos estaban un 68% en moneda extranjera
y los activos dolarizados en un 66%. Por tanto el patrimonio neto estaba
cubierto un 54% en moneda extranjera. La confianza en el régimen de
convertibilidad llevó a que deudores del sistema financiero (individuos
y empresas) se endeudaran en moneda extranjera, a efectos de reducir
su costo de financiamiento, a pesar de tener sus ingresos en moneda
local. Por ello si se consideraran los préstamos en dólares otorgados
a individuos y pymes como otorgados en moneda local la situación patrimonial
en términos de monedas cambiaba claramente a tener un patrimonio dolarizado
en un 37% para el sistema total y con más pasivos en dólares que activos
en dólares, por ejemplo, en la banca universal.
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Ello aumentaba el riesgo real del sistema
financiero frente a una eventual devaluación del peso que luego se produjo
a comienzos del 2002.
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Baja rentabilidad promedio con fuertes diferencias
entre los distintos tipos de entidades: La rentabilidad sobre patrimonio
estuvo cercana al 3% anual, por debajo del promedio internacional, y
con diferencias entre los distintos tipos de entidades. Los bancos universales
presentaron resultados por encima del promedio rondando el 8% anual
en forma bastante estable, al igual que los regionales aunque con mayor
inestabilidad. La banca pública con peor calidad de cartera y los mayoristas
con bajo volumen de negocios se ubicaron en el 1% anual. Las entidades
especializadas presentaron una rentabilidad elevada en aquellos segmentos
vinculados a los préstamos al consumo.
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3
Una ecuación de rentabilidad difícil de cambiar: Donde
detrás de esa baja rentabilidad promedio se encontraba, a pesar de la
mejoría que se había registrado en términos de eficiencia en los últimos
años frente a otros sistemas financieros internacionales, una situación
que indicaba un mayor margen de intermediación que se veía más que compensado
por mayores costos operativos y superiores cargos por incobrabilidad
de las carteras de crédito en el marco de un menor leverage en relación
a los standards internacionales.
II. El desarrollo de la crisis
Las experiencias internacionales
indican que las crisis financieras pueden tener distintos orígenes:
Exagerada expansión del crédito al sector privado
Insuficiente regulación prudencial y supervisión bancarias
Prematura liberalización de capitales y aparición de
nuevos bancos
De origen microeconómico: Como por ejemplo insuficiente
diversificación crediticia, exagerados descalces de plazos y monedas,
inapropiados esquemas de incentivos para el management premiando el
volumen, entre los principales.
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En el caso argentino la crisis financiera se origina en el
año 2001 claramente por un desequilibrio macroeconómico: En el curso del
año se fue acentuando la desconfianza sobre la capacidad del Estado Nacional
de hacer frente a los vencimientos de su deuda lo cual repercutiría sobre
la solvencia y liquidez del sistema financiero. Los depositantes de mayor
tamaño y más especializados comenzaron así a retirar sus depósitos en
el entendimiento que este proceso terminaría en restricciones a la salida
y pérdidas de valor de sus depósitos.
Esta crisis argentina ha tenido características de carácter
sistémico ya que ha sido bien generalizada y si consideramos el año 2001
(la primer parte de la crisis) se puede observar que los distintos tipos
de entidades mantuvieron estable su participación en los depósitos.
Durante el período que abarca todo el
año 2001 y el primer semestre del 2002 los depósitos cayeron un 41%
($ 40.000 millones), un 40% de ese total en el 2001 y el 60% remanente
en el primer semestre del ´02. Esta caída no tiene antecedentes en el
sistema financiero argentino y ha excedido largamente la crisis del
Tequila de 1995 que alcanzó desde finales del ´94 hasta mediados del
´95 una caída máxima del 17% (u$s 8.100 millones).
La crisis argentina actual está excediendo
largamente los antecedentes internacionales. Una muestra del desarrollo
de algunas crisis financieras internacionales indica la siguiente evolución
de los depósitos:
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La crisis argentina estaría mostrando
entonces una corrida de depósitos mucho más profunda y prolongada. En
ella, observando el comportamiento de los distintos tipos de entidades,
se ha destacado una mayor pérdida de participación en los depósitos
de los bancos universales, una recuperación en la participación de la
banca pública y a la banca especializada mejorando su participación
debido a la transformación de otras obligaciones financieras en depósitos
con la intención de los acreedores de mantener la dolarización de sus
créditos de acuerdo a la normativa dictada durante el presente año.
La etapa de plena corrida de depósitos,
de total desequilibrio se puede dividir en tres períodos: Jul. ´01/
Nov. ´01, Dic. ´01 (impacto del “corralito” antes de devaluación)
y 1er. Semestre ´02. que tuvieron caídas de depósitos mensuales promedio
del 3.9%, 2.2% y 4.2% respectivamente.
El primer período bien de origen macroeconómico
generado ante el temor de la imposibilidad del estado argentino a financiar
su deuda estuvo caracterizado por caídas generalizadas de depósitos
en línea con la evolución del riesgo país, con reacciones más marcadas
en los depositantes de mayor dimensión y con menores disminuciones en
la banca regional debido al tipo de depositante que presentan estas
entidades.
Como segundo período tomamos el mes
de diciembre caracterizado por ser el mes de pleno funcionamiento del
“corralito” (restricciones a la disponibilidad en efectivo
de los depósitos) establecido para frenar la creciente iliquidez del
sistema financiero y la pérdida de reservas internacionales. Los depósitos
siguieron su caída a pesar de las restricciones, se produjo un brusco
cambio en la composición de los depósitos con traspaso desde los depósitos
a plazo fijo hacia los depósitos a la vista -los depósitos a plazo fijo
cayeron 33% mientras que los vista subieron un 53% disminuyendo el total
de los depósitos un 2.2%-, la banca extranjera presentó una caída menor
al resto bajo la expectativa de los ahorristas de que estas entidades
(especialmente las que operaban como sucursales de instituciones extranjeras)
pagarían los depósitos.
El tercer período compuesto por el primer
semestre del ´02, caracterizado por los impactos de la devaluación,
la pesificación y el nacimiento del corralón (restricciones para disponer
del dinero de depósitos a plazo fijo), marcó un generalizado interés
de los depositantes de salir del sistema financiero de la manera posible
y provocó una mayor salida de depósitos desde los bancos universales
y regionales y una recuperación de la banca pública ante la situación
planteada en algunos bancos extranjeros como el Scotia y las entidades
del Credit Agricole.
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El sistema financiero financió la crisis
de liquidez con tres factores: Sus niveles de encajes (que alcanzaban
al 14% de los depósitos al comienzo de la crisis), la cobranza de su
cartera de créditos al sector privado, y la asistencia de redescuentos
solicitada al Banco Central. La asistencia del Banco Central y la cobranza
de cartera cubrieron cada una el 38% de las necesidades, el 21% lo aportó
la disminución de los encajes y el 6% remanente fue financiado a través
de aportes de capital.
La asistencia por redescuentos otorgada por el Banco Central que financió
el 38% de la caída de depósitos durante la crisis entre julio ´01 y junio
’02 alcanzó a $ 21.000 millones equivalentes al 6% del PBI y el
32% del stock de depósitos al mes de agosto 2002. Sin normas muy precisas
en su otorgamiento dicha asistencia presentó una gran concentración ya
que de los 25 bancos que recibieron asistencia los primeros cuatro representaron
el 80% del total de redescuentos otorgados.
Las necesidades de asistencia fueron
dispares por tipo de entidades: Los bancos públicos presentan una asistencia
del 42% de sus depósitos, los bancos universales del 30% mientras en
el otro extremo en la banca mayorista y en las entidades especializados
la presencia de los redescuentos es muy menor.
También la cobranza de la cartera de créditos al sector privado se constituyó
en una fuente principal de financiamiento (38%) de la corrida de depósitos
del sistema. El achicamiento de la cartera fue permanente durante la
crisis, se aceleró durante el 2002 -especialmente el 2do. Trimestre-,
llegando a disminuir el 33.5% en el período julio ´01/ junio ´02. Dentro
de los comportamientos por tipo de deudor se puede destacar la evolución
del crédito a las pymes que se redujo en un 51% frente a un 30% de las
restantes categorías de deudores (corporativo e individuos). La cartera
de consumo está cumpliendo con la amortización de sus cuotas mientras
que la amortización del crédito corporativo se vio alentada por la pesificación
aprovechada fundamentalmente por aquellos sectores más vinculados a
la exportación.
Las próximas etapas
La experiencia internacional ha mostrado
que las crisis financieras presentan fundamentalmente tres etapas:
·
Una etapa donde se busca la estabilización del sistema:
Frenando la usual corrida de depósitos y otros acreedores que pretenden
poner a salvo sus patrimonios.
·
Una fase de reestructuración: En la cual las autoridades
deciden medidas estructurales en términos de la reconversión del sistema,
los mecanismos de capitalización, y el rol del Estado en esas reformas.
·
Una última fase de recuperación: Donde el sistema
estabilizado y reestructurado busca que pueda crecer sanamente, se recupere
el crédito y se recobren las carteras con problemas.
Argentina parecería haber finalizado la primera etapa de su crisis financiera
más profunda si observamos que luego de una caída del 41% en sus depósitos
durante más de doce meses (julio 01/ junio ´02) ya lleva cuatro meses
en los cuales los depósitos han empezado a recuperarse habiendo alcanzado
un incremento total en este período (julio ´02/ octubre ´02) del 9%.
La situación sigue siendo muy frágil
aunque la experiencia internacional muestra que luego de un año de fuerte
crisis los depósitos empiezan a recuperarse. El suave regreso de los
depósitos ha respondido a altas tasas de interés y un mercado cambiario
estabilizado. Se tiene por delante el proceso de reconstitución del
sistema con las limitaciones impuestas principalmente por un proceso
electoral a desarrollarse durante el 2003 y un Estado en default.
III.
El Sistema Financiero que quedó
La grave crisis que ha pasado el sistema
financiero ha cambiado profundamente su funcionamiento, su estructura
patrimonial y la dinámica de sus flujos.
A pesar que las demoras en el régimen
informativo de las entidades a presentar al Banco Central hace muy difícil
cualquier estimación de la situación de las instituciones financieras
un análisis de las principales variables de las entidades financieras
nos permiten provisoriamente revisar la situación actual del sistema.
La estructura patrimonial habría quedado así caracterizada por:
3
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Una clara menor dimensión: Con un total de activos por $ 184.000
millones estimados para el mes de agosto ‘02, un 35% menor en términos
reales al vigente a fines del año 2000. Es en los depósitos donde el sistema
presenta una caída claramente mayor (56% en términos reales respecto a
diciembre 2000) llevándolo al sistema de los años 80.
3
Un patrimonio neto estimado en $ 20.000 millones (u$s
5.500 millones): Que se redujo un 31% en términos reales en los
primeros ocho meses del 2002 y que presenta, más allá del flujo futuro
de los resultados, como factores principales para la determinación de
su valor los siguientes:
·
Una potencial compensación del Estado Nacional al sistema
financiero por las pérdidas originadas en depósitos pesificados pagados
en dólares debido a la exigencia de los amparos judiciales por un valor
de $ 3.600 millones, y en la eliminación del CER (coeficiente elaborado
con la inflación consumidor) en determinados préstamos a personas reemplazado
por el CVS (coeficiente de variación salarial) por un total estimado
a agosto de $ 3.100 millones.
·
La valuación de los activos públicos a valor técnico,
aceptada por las normas contables pero hoy muy superiores a los valores
de mercado.
·
La posible necesidad de mayor previsionamiento de la
cartera de préstamos privada actualmente estimadas en el 18% de los
préstamos privados, en el marco de una cartera irregular equivalente
al 24% del total de créditos al sector privado.
3
Una estructura patrimonial que presenta tres segmentos
claramente diferenciados: Un segmento en dólares calzado en sus
volúmenes, con activos fundamentalmente públicos con una duration en
torno a los cinco años, y pasivos de mayor tasa y una duration algo
superior a los dos años. Un segundo segmento con activos ajustados por
CER (inflación minorista) que exceden la cobertura del patrimonio neto;
y un último segmento de activos y pasivos en pesos con tasas de interés
o a la vista.
3
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Menor Participación de los depósitos: Que han pasado a representar
sólo el 36% de las fuentes de financiamiento, en el marco de una claramente
mayor participación de los depósitos vista con respecto a los de plazo
fijo.
3
Fuerte dependencia del sector público: Con activos
públicos que representan el 48% del total de activos y el 69% de los
activos que rinden interés frente al 19% y 33% respectivamente que representaban
a mitad del 2001. También las entidades financieras tienen deudas con
el sector público fundamentalmente a través de los redescuentos por
iliquidez recibidos que alcanzan al 18% del total del pasivo. La posibilidad
de netear pasivos adeudados al sector público con activos debidos por
el sector público y a qué valor será una discusión de gran trascendencia
patrimonial para el sector financiero. De obtenerse un neteo a valor
contable la deuda pública pasaría a representar el 39% del activo de
las entidades en lugar del 48% actual.
Los distintos tipos de entidades presentan
diferencias de importancia entre ellas. Principalmente se podría decir
que, por una parte, las entidades públicas y las universales, las de
mayor dimensión, son más dependientes del sector público. Por otra que
en lo que hace a su cartera de préstamos al sector privado las entidades
de mayor dimensión son más dependientes del proceso de reestructuración
que necesariamente tendrá la deuda corporativa mientras que las entidades
regionales y especializadas verán su futuro más vinculado a la evolución
de la deuda de los individuos y de las pymes.
Resultados negativos en el 2002
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Las demoras en la definición del gobierno de las reglas de juego para
el sistema financiero luego de la devaluación y pesificación asimétrica
han determinado retrasos considerables en los regímenes informativos de
las entidades financieras quitando posibilidades de seguir su evolución.
Una estimación primaria de los resultados de los primeros ocho meses nos
estaría indicando una pérdida anualizada (antes del ajuste por inflación)
del 14,2% sobre el patrimonio neto, que determinaría una disminución del
patrimonio neto de las entidades financieras en términos reales del 32%
deflactado por el índice de precios combinado. Si el sistema recibiera
la compensación por los amparos pagados el resultado del período antes
del ajuste por inflación pasaría a ser positivo en 10% del patrimonio
neto, pero en términos reales se traduciría una caída del patrimonio del
20%.
De la estructura del cuadro de resultados
de este inestable 2002 se puede destacar:
·
La elevación del margen financiero: Consistente
con el fuerte incremento de las tasas de interés y tasas de inflación,
en un marco donde los rendimientos han sido muy volátiles en virtud
de los cambios que se fueron produciendo a lo largo del período en las
tasas de inflación (que ajustaban el 38% de los activos), las tasas
de interés en pesos de los distintos instrumentos privados y de las
letras del Banco Central.
·
El empeoramiento en la calidad de la cartera crediticia
al sector privado: Determinando un aumento de las previsiones sobre
el total de la cartera privada y una cartera irregular sobre el total
de la cartera que alcanzaría al 24%.
· Una
mayor disminución de los gastos operativos que de los ingresos por servicios
prestados: Con caídas en ambos en términos reales -estimadas en
un 39% para los ingresos por comisiones y del 66% para los gastos de
administración- que mejoran la rentabilidad, donde en materia de gastos
y estructura se puede destacar la disminución de personal y cierre de
sucursales fundamentalmente de la banca universal privada en el 2002
estimada en el 20%.
·
Una fuerte pérdida por amparos pagados: Que habría
alcanzado los $ 3.600 millones en los primeros ocho meses afectando
permanentemente el flujo de fondos de las entidades y que podría ser
objeto de compensación por parte del Estado Nacional.
 |
IV. Las necesidades de cambios
El sistema financiero argentino ha sufrido
una catástrofe generalizada: El shock devaluatorio luego de diez años
de tipo de cambio fijo con convertibilidad, la pesificación en un sistema
altamente dolarizado, la pesificación asimétrica con decisiones políticas
dispares entre los derechos y obligaciones de los deudores y acreedores
han determinado una huida drástica del sistema financiero.
La economía necesita de un sistema financiero
que funcione y para ello es condición necesaria el reconocimiento y
respeto de los derechos de propiedad y la existencia de reglas. El sistema
financiero a recrearse, entonces, tendrá que partir de la definición
de instituciones bajo el convencimiento que serán respetadas y la definición
clara de nuevas reglas de funcionamiento. Creemos que no se puede construir
un sistema inviolable, inmune a cualquier tipo de atropello que pudiera
en un futuro repetirse, los costos que ello implicaría en términos de
eficiencia y disponibilidad de crédito serían insostenibles. Habrá que
reconstruir uno, a partir de un buen diagnóstico de lo que dejó la crisis
vivida, con reglas que busquen evitar los errores del pasado, que generen
confianza y protejan a los inversores, que sea flexible, eficiente,
que permita el adecuado funcionamiento de los medios de pago, aliente
una mayor bancarización, y tenga capacidad de generar crédito hacia
el sector privado.
La alternativa de una banca básicamente
offshore -con captación de depósitos bajo legislación extranjera- que
busca importar la confianza de las instituciones en el exterior, no
puede superar su incapacidad de generar crédito a residentes locales
bajo legislación extranjera. Las entidades financieras no tendrían razón
de mantener sus estructuras localmente y el sistema financiero -principal
fuente de crédito- desaparecería.
El “narrow banking” (que
implica encajes del 100% integrados en activos líquidos de muy bajo
riesgo) por su parte, sin antecedentes de aplicación internacional,
generaría altos costos en términos de eficiencia y disponibilidad de
crédito manteniéndose al alcance de las ambiciones políticas las elevadas
disponibilidades de las entidades financieras.
Las autoridades deberán fijar nuevamente
claras reglas de funcionamiento de las entidades donde las regulaciones
de Basilea constituyen un andamiaje en gran medida consistente también
para Argentina. La banca será en los primeros tiempos fundamentalmente
transaccional -en la actualidad el 60% de los depósitos no reprogramados
son a la vista- y deberá ser respaldados con encajes elevados y menores
impuestos a las transacciones financieras. Las restricciones con que
ha operado el sistema financiero a la disponibilidad de los depósitos
y los impuestos a las transacciones financieras han hecho elevar la
relación del circulante (fuera del sistema financiero) y los depósitos
vista perjudicando la actividad de las entidades financieras y la eficiencia
y seguridad de las transacciones.
 |
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Generar alternativas confiables de ahorro para los depositantes será fundamental.
El sistema financiero deberá ofrecer una amplia gama de posibilidades
que atraigan el ahorro: Para ello las opciones en moneda local tendrán
que tener las mayores variantes: plazo fijo en pesos con tasa fija, con
tasa variable, ajustables por inflación, y especialmente en moneda extranjera
ya que ha sido demostrado que los inversores en el país prefieren ahorrar
en dólares o en moneda dura.
Para ofrecer opciones que brinden mayores
garantías a los ahorristas las entidades podrían ofrecer certificados
de participación en carteras determinadas de préstamos donde a la confianza
en la entidad se agregaría el respaldo de dichos tomadores de crédito
que deberán tener condiciones distintas según las características y
riesgo de dichos tomadores de fondos. Habrá que buscar instrumentos
que atraigan a las principales fuentes de liquidez locales que son:
Las AFJP´s, Compañías de Seguros, y el dinero que actualmente está fuera
del sistema (cajas de seguridad, etc.). Los fideicomisos financieros
son una opción atractiva.
En una economía con tipo de cambio flotante
será muy relevante para el sistema financiero cuidar el impacto del
cambio de precios relativos sobre los tomadores de crédito y por ende
sobre la salud de las carteras y de las entidades. Por lo tanto la capacidad
prestable de los depósitos en moneda extranjera deberá colocarse en
sujetos de crédito que generen ingresos en moneda extranjera y no estén
sujetos a las oscilaciones que seguramente se producirán en los precios
relativos: inflación, tasas de interés y tipo de cambio. Las distintas
colocaciones deberán estar calzadas de acuerdo al fondeo, evitando los
descalces de moneda.
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El sector público deberá disminuir su participación como deudor del sistema
financiero. Este no deberá poder colocar nueva deuda en el sector público
y las exigencias de capital y las normas de previsionamiento para la
deuda pública deberá ser similar a las impuestas para los créditos colocados
en el sector privado. Ello permitirá disminuir la dependencia del sector
público que presenta el sistema financiero y aumentar la capacidad prestable
del sistema hacia el sector privado.
La estructura del sistema financiero
deberá mantener el objetivo de tener distinto tipo de entidades financieras
que conformen un sistema que se complemente y que pueda operar eficientemente.
Las entidades mayoristas buscarán financiamiento en el mercado
de capitales y colocarán sus fondos en otras entidades y en el sector
privado no financiero (empresas e individuos) a través de productos
especializados. Los bancos universales son multiproducto, con
amplia cobertura geográfica nacional, muy desarrollados en lo transaccional
y de amplia variedad de productos en el segmento de personas y empresas.
Las instituciones de carácter regional están especializados en
la prestación de servicios financieros en una determinada zona, con
una red de alta capilaridad en esa zona de influencia, con ventajas
en el conocimiento del riesgo de crédito regional y variedad de productos
en la banca transaccional y en los créditos de corto plazo. Las
entidades especializadas dedicadas a uno/ dos productos se presentan
usualmente como entidades de menor tamaño, con gran conocimiento del
producto o segmento donde operan, con mucha cercanía con el cliente,
mayor flexibilidad, y debería alentarse su capacidad de alta rotación
de sus carteras y la generación de activos que puedan ser colocados
en los mercados de capitales o vendidos a entidades de mayor tamaño
del sistema. La banca de inversión deberá tener su espacio en
el sistema financiero. Podrá o no estar dentro de la banca comercial
pero, en el nuevo sistema financiero, tienen que tener la posibilidad
de desarrollar el espacio de productos del mercado de capitales, con
distintos instrumentos de captación y la capacidad de financiar negocios
de corto y mediano plazo.
Las regulaciones no deberían desalentar
la presencia y la actividad de las entidades de tamaño pequeño. La normativa
actual sí lo hace a través de una exigencia de capital mínimo con independencia
del tamaño de la entidad, exigencias de capital crecientes por niveles
de tasas de interés que limitan la colocación de créditos chicos, y
la existencia de costos fijos independientes del tamaño de las entidades
financieras originados en auditorías, provisión de información al Banco
Central, etc.
El Estado debe contribuir a institucionalizar
lo más posible el sistema. Aquellas entidades que operen en el negocio
financiero fuera de la órbita del Banco Central deberán sufrir todo
el rigor de la ley, en un país actualmente con mucha actividad financiera
marginal.
El proceso de reconversión del sistema
financiero necesitará del apoyo de los organismos internacionales ya
para poder reforzar el rol de prestamista de última instancia del Banco
Central y generar así mayor confianza en los ahorristas, como en la
posibilidad en la reestructuración de activos bancarios que será más
difícil de llevar adelante en el marco de un Estado en default.
V. Superando la crisis
El objetivo de este capítulo
es mirar los más probables comportamientos que presentará el sistema
financiero argentino en los próximos 1,5/ 2 años partiendo de la crisis
vivida en el último año y medio y su situación actual, y suponiendo
a partir de aquí un país donde se vuelvan a respetar las instituciones
y los derechos de propiedad.
El sistema financiero iniciará
el proceso de reestructuración que deberán definir las autoridades
y que seguramente nos llevará los próximos dos años. Las autoridades
deberán en primer término tomar conocimiento de la magnitud de la crisis
en términos de solvencia aspecto que no se produciría antes de los próximos
seis meses debido a las demoras en la actualización del régimen informativo
a presentar al Banco Central que están teniendo las instituciones financieras.
A partir de allí vendrán las medidas que según la profundidad de los
problemas de solvencia encontrados deberá pasarse a los procesos de
recapitalización y reestructuración de préstamos de empresas y particulares.
El proceso debería ser menos traumático que el vivido en otras experiencias
internacionales (países asiáticos, etc. ). Al inicio de la crisis la
situación en materia de solvencia era relativamente mejor en nuestro
país a partir de una normativa más exigente y un proceso de consolidación
más activo.
El sistema se reiniciará con bajo
volumen básicamente transaccional y su recuperación será lenta.
Lo transaccional se está manteniendo en sus valores nominales históricos
-luego de la salida de depósitos no transaccionales atrapados en el
“corralito”- a pesar del elevado nivel del circulante originado
en las restricciones a la disposición de los depósitos impuestas a principios
del 2002 y en la existencia del oneroso impuesto a las transacciones
financieras. La diferencia es que lo no transaccional libre prácticamente
había desaparecido y en la actualidad alcanza a sólo el 15% de los depósitos
totales.
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Las condiciones económicas y las medidas del gobierno adoptadas desde
fines del 2001 -corralito, devaluación, pesificación, corralón- hicieron
que una gran porción de los ahorristas sufriera un fuerte deterioro patrimonial
por lo que su vuelta será (si se produce) muy lenta. De los $ 65.000 millones
de depósitos reprogramados a principios de año, sólo el 10% ha recuperado
sus dólares a través de la acción de la justicia y los amparos.
Adicionalmente a los $ 24.000 millones
de depósitos privados que salieron del sistema en los primeros ocho
meses del ´02 (incluyendo la diferencia pagada por los amparos al dólar
libre) están los u$s 15.000 millones que huyeron del sistema en el segundo
semestre del ´01 y que son 3,7 veces superiores a los depósitos a plazo
fijo de libre disposición que están actualmente en el sistema. Habrá
entonces que generar instrumentos para intentar el regreso de una parte
de ellos.
Los depósitos, entonces, irán volviendo
al sistema. Parte del elevado circulante fuera del sistema financiero
irá volviendo a depósitos vista en los bancos a medida que desaparezcan
los temores a nuevas restricciones a la disponibilidad de los fondos
y se reduzca el impuesto a las transacciones financieras.
El dinero de ahorro tendrá, como dijimos, un regreso más lento.
Un primer ingreso estará originado en aquellos inversores atraídos por
la expectativa de altos rendimientos en términos de dólares que permanentemente
vigilarán la relación entre tasas en pesos y evolución de tipo de cambio.
Y otro grupo de inversores serán aquellos que exigirán garantías adicionales
a las entidades financieras y preferirán participar en los riesgos y
seguridades implícitos que representen determinados tomadores de crédito
del sistema financiero a través de instrumentos como los certificados
de participación en fideicomisos u otros de similares características.
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El sistema será altamente dependiente del comportamiento del sector
público como deudor. Y necesitará que el Estado cumpla con sus compromisos
a partir que en la actualidad éstos alcanzan a representar el 68% de los
activos que rinden interés. Su situación estará estrechamente vinculada
a la negociación de la deuda pública externa que se desarrollaría a partir
del segundo semestre del 2003 y que no llevaría menos de un año de negociación.
La deuda pública presente en los activos de las entidades financieras
representan el 15% del total y por tanto los acreedores externos exigirán
un esfuerzo homogéneo para todos los distintos tipos de acreedores. El
margen para que el sistema financiero pueda aceptar quitas es muy bajo
ya que la deuda del sector público equivale a 3,0 veces el patrimonio
de las entidades financieras aun suponiendo el neteo de la deuda de las
entidades con el Banco Central con activos adeudados por el sector público
nacional.
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El sistema financiero enfrentará un mayor sinceramiento de la situación
de sus carteras de crédito al sector privado al desaparecer las restricciones
impuestas por el gobierno a las entidades financieras para avanzar en
las acciones judiciales. En la actualidad estas carteras se componen un
50% de deuda de individuos, un 40% de deuda corporativa y el 10% restante
corresponde a las pymes.
Las experiencias internacionales han
mostrado como se exterioriza el empeoramiento de las carteras de crédito
luego de las crisis financieras. Argentina presentaba un stock de financiamiento
irregular equivalente al 19% del total a junio ´01/ dic. 01 y en la
actualidad se ubicaría en el 24%. El deterioro registrado internacionalmente
debería ser menos grave en Argentina ya que la mayoría de los países
que soportaron crisis financieras ingresaron en dichas crisis con mayores
problemas en términos de transparencia de carteras vinculadas, normas
de previsionamiento y funcionamiento de la supervisión.
Las carteras de individuos están teniendo
un razonable comportamiento en términos de su recupero y en un escenario
de tasas negativas para el stock de ese segmento y de mejoría en el
salario real -luego de su caída del 24% en el presente año 2002- deberían,
por lo menos, mantener su comportamiento. La cartera de pymes es la
que se ha recuperado en una mayor proporción a través del achicamiento
del negocio de descuento de cheques, y su futuro próximo estará muy
vinculado a los sectores de las cuales provienen y a las empresas grandes
con las cuales están vinculados comercialmente. El sector corporativo
-en el cual el 30% de la deuda correspondía a las 80 empresas de mayor
dimensión que tenían el 70% de su deuda corriente originada en el exterior-
necesitará de una fuerte reestructuración de su deuda. Esta reestructuración
seguirá a la renegociación de la deuda privada en el exterior que seguramente
tendrá alguna participación en la instrumentación por parte del Estado
nacional y los organismos internacionales. Las entidades locales deberán
dar mayores plazos y contar con la flexibilización (usual en otras crisis
internacionales) de las normas de previsionamiento.
El sistema financiero presentará,
en el escenario más probable, un bajo crecimiento de su cartera de préstamos
con una mayor presencia del crédito al consumo y una disminución del
crédito corporativo. La limitación del crédito al sector privado luego
de profundas crisis financieras ha sido mostrada por la experiencia
internacional. En la mayoría de esos casos se venía de períodos de relevantes
crecimientos del crédito a diferencia de Argentina donde en los dos
años previos a la crisis el crédito al sector privado se había reducido
un 13%.
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Las restricciones en el fondeo de las entidades financieras harán que
desaparezca el crédito de largo plazo, tal cual vivió nuestro país en
la década del ´80. En un marco de cartera corporativa en proceso de reestructuración
ésta no recibirá fondos frescos de las entidades financieras, que sí se
podría volcar a incentivar el crédito a individuos de corto plazo visto
su buen comportamiento en la crisis y en un escenario donde el salario
real tendería a comenzar a recuperarse a partir del 2004. La cancelación
del crédito al consumo ha determinado que los niveles de endeudamiento
de los individuos en relación a sus niveles de consumo se redujeran claramente
produciéndose una capacidad de tomar deuda cuando las entidades financieras
se decidan a salir nuevamente a prestar.
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La ecuación de rentabilidad de las entidades quedará con un mayor
margen financiero, con una mayor cobertura de gastos con ingresos por
comisiones y su rentabilidad final dependerá de la salud de su cartera
de créditos remanente en un marco de gradual cumplimiento por parte de
la deuda pública de sus servicios financieros. Ello implica un sistema
financiero con mayor spread, más caro en términos del costo de sus servicios
pero que puede empezar a recuperar volumen lentamente a partir de tasas
de interés por encima de la inflación y nuevos instrumentos de captación
que den más seguridad a los inversores. Los cargos por incobrabilidad
podrán ser menores en términos del activo total al haberse producido un
desplazamiento de la cartera privada por parte de la deuda del sector
público no previsionable.
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En resumen el sistema financiero tiene por delante
una amplia tarea por hacer y su normalización llevará un par de años.
La negociación de la deuda pública y reestructuración de la deuda privada
corporativa los tendrán como actor de relevancia Una mayor confianza
originada en nuevas reglas provenientes de una macroeconomía más ordenada
y la aparición de instrumentos más seguros para los ahorristas serán
fundamentales en esta etapa de recomposición. A partir de ello la confianza
de los inversores debería ir volviendo, una parte por atractivos rendimientos
y otra por el establecimiento de instrumentos más variados y seguros
de captación. La gradual mejora en el fondeo permitirá y dará tiempo
al avance del proceso de reestructuración de los deudores corporativos,
en el marco de un comienzo de la vuelta del crédito de corto plazo especialmente
en el financiamiento al consumo.