La
Convertibilidad:
la
causa de la crisis bancaria argentina.
Presentación
del Lic. Javier González Fraga,
en
Congreso de FIBAFIN, Buenos Aires, 7 de noviembre de 2002.(*)
Versión
Preliminar
Temario:
Comentarios introductorios:
No es fácil criticar la Convertibilidad.
Las
otras políticas generadas a partir de 1989: ¿Fue necesaria la Convertibilidad?
El
funcionamiento perverso de la Convertibilidad
La lógica de los intermediarios
financieros.
La
Reforma previsional de Julio de 1994
El círculo vicioso o el “Funcionamiento
por las malas”.
La cuestión Fiscal
La
cuestión Social
El Colapso de la Convertibilidad
(*) El presente trabajo fue preparado
para su presentación en el Seminario “Rusia y Argentina: Lecciones de la
Experiencia” en Moscú en Noviembre de 2002. El autor agradece el aporte
estadístico y conceptual realizado por el Estudio APL Economía, y por el
Lic. Marcelo Resico, aunque asume toda la responsabilidad de los conceptos
vertidos en este trabajo.
El propósito de este breve
ensayo es sostener la hipótesis que la causa de la crisis bancaria argentina
que se desarrolló durante el año 2001, y finalmente estalló en Diciembre
de ese año, tiene su causa profunda en el sistema cambiario de convertibilidad
impuesto en abril de 1991. Mas específicamente, pretendo demostrar que el
colapso de la convertibilidad es inherente a su funcionamiento en el mercado
financiero, y que no depende del comportamiento fiscal. Es más, estoy convencido
que la causalidad es al revés: la convertibilidad generó un deterioro fiscal
a través del mecanismo de deterioro de la capacidad competitiva ed los sectores
productivos.
1.
Comentarios introductorios: No es fácil
criticar la Convertibilidad.
Criticar la Convertibilidad
no es una tarea simple, porque se tocan una serie de afectos y/o emociones,
que provocan reacciones diversas que no son las mejores para un entendimiento
acabado de la cuestión fundamental. Yo personalmente siempre he criticado
los regímenes de tipo de cambio fijo, porque he creído que las ventajas
de provocar una rápida alineación de las expectativas eran menores que los
costos de salir, ya que nunca se daban las circunstancias para lograr una
salida ordenada, por motivos que veremos más adelante.
En primer lugar, la crítica
a la Convertibilidad no es una crítica personal al Dr. Cavallo, ni a los
demás integrantes de su equipo económico. Estar en desacuerdo con la Convertibilidad
no significa apoyar a los enemigos de Cavallo. Nadie puede desconocer el
profesionalismo, la capacidad de lucha y el patriotismo del Dr. Cavallo,
y menos yo, que lo he manifestado en público y en privado, y esto es extensivo
al resto del equipo que lo acompañó.
También es difícil criticar
la Convertibilidad, porque todos participamos directa o indirectamente de
esa fiesta, y nos cuesta reconocer que era una insensatez. Dice John Galbraith,
en su “Historia de las Crisis Financieras”, que entre las causas que están
siempre presentes en estos acontecimientos, figura una creencia según la
cual “la capacidad de ganar dinero se asocia con tener más inteligencia”.
Entonces, cuando sobrevienen las crisis, además de las pérdidas económicas,
hay pérdidas de “prestigio intelectual”, las que a veces son mucho más difíciles
de asimilar.
También está la creencia generalizada
en muchos sectores de clase media y alta, y especialmente en los centros
urbanos, que con la Convertibilidad se vivía mejor. Sin duda esto es válido
para muchos, pero no lo es para el conjunto. Del otro lado de esos mayores
salarios pagados, había empresas que no eran viables, o un sector público
muy endeudado en el exterior. O eran burbujas provocadas por fondos especulativos
que llegaron por decenas de miles de millones de dólares para aprovechar
el margen entre las tasas de interés locales y las externas. Obviamente,
siempre se disfruta más el día que hipotecas tu casa para hacer una gran
fiesta, que el día que el banco te la remata. Pero en general, esto no se
entiende tan fácilmente, y por eso los políticos tienden a defender los
sistemas cambiarios de este tipo, porque tienen “buena prensa” y les generan
apoyo popular.
Tampoco criticar la convertibilidad
significa estar a favor de la devaluación o de la inflación. Las devaluaciones,
como la inflación, son la manifestación última del empobrecimiento general,
de las dificultades competitivas, y de la necesidad de reducir los salarios
reales. Pero admitir esto no es equivalente a decir que adoptando un sistema
de cambio fijo, cuando no se dan las condiciones estructurales para mantenerlo,
permite evitar ese empobrecimiento. Lo que solamente genera es una postergación
de ese ajuste, que como viene finalmente acompañado de un colapso bancario,
provoca una devaluación y un empobrecimiento mucho mayor.
La Argentina, y en general
los países emergentes, necesitan un profundo debate sobre lo sucedido durante
la década pasada en nuestro país, porque no podemos admitir que lo que nos
ha sucedido es culpa de un conjunto de ideas de un pequeño grupo de economistas.
La verdadera causa, anterior a la convertibilidad y que explica su aparición,
es la búsqueda permanente por parte de los argentinos de soluciones fantásticas
a nuestros problemas reales.
Como lo expresó muy bien Mario
Vargas Llosa en enero último, los argentinos vivimos en una burbuja durante
la última década, procurando ignorar la dura realidad de la vida cotidiana.
“La verdadera razón (que) está detrás de todo eso es una motivación recóndita,
difusa, y tiene que ver más con una cierta predisposición anímica y psicológica
que con las doctrinas económicas....” dice el escritor peruano.
Quizás atrás de este escapismo
subsistan dos creencias que los argentinos nos negamos a discutir: que somos
un país rico, y que somos “distintos” de los demás países. La Argentina
es un país cuyas riquezas naturales, por muy abundantes que parezcan, no
permiten vivir muy bien a más del 10% de la población. Si fuésemos como
Nueva Zelanda, un poco más de 3 millones de habitantes, podríamos hablar
de nuestras riquezas, pero no con una población que supera los 35 millones.
Cuesta hablar de la Argentina como de un país pobre, pero hoy no podemos
negar que es un país con mucha pobreza. Y esta pobreza fue la gran ausente
en la preocupación de los economistas, los políticos, y los dirigentes gremiales
empresarios y de trabajadores durante la última década.
Si nos creemos un país rico, y distinto
de los demás, vamos a estar más propensos a aceptar soluciones coyunturales
que pretendan ser un atajo al primer mundo. En la crisis de 1989/90 estábamos
destruidos por la hiperinflación y el endeudamiento de los 80’s, y solo
un par de años más tarde ya nos creíamos en el centro del mundo, y nuestras
empresas contrataban gerentes chilenos por el doble de lo que ganaban en
su país. Obviamente, en Chile, con mucha sabiduría, se limitaba el ingreso
de capitales especulativos, y se estimulaba la inversión en los sectores
exportadores...
“Nosotros somos diferentes
de los países que devalúan, y acá un ajuste cambiario se traduciría inmediatamente
en aumentos de precios y salarios”, repetían muchos economistas hace
unos años, cuando todo el mundo devaluó frente al superdólar. ¿Alguien logró
mantener su salario constante en dólares en esta crisis? Nosotros no somos
tan distintos, y lo que funcionó en otros países, también funcionará en
la Argentina: la vieja e insustituible receta de trabajar eficientemente,
ser austero, y procurar exportar lo máximo posible.
Entonces la crítica a la Convertibilidad
solo pretende abrir un debate que permita a los argentinos evitar caer en
una nueva utopía generada por algún economista imaginativo. Así nos alejaríamos
nuevamente de las lentas y tediosas, pero únicas verdaderas, soluciones
que nos están esperando. Este es el aporte que pretende realizar mi presentación
en este seminario.
2.
Las otras políticas generadas a partir
de 1989: ¿Fue necesaria la Convertibilidad?
Si bien la Convertibilidad
fue la reforma emblemática de los 90’s, a tal punto que le da su nombre
a todo el plan de esa década presidida por el Dr. Carlos Menem, no fue la
primera reforma, ni será la mejor recordada.
Efectivamente, desde casi dos
años antes que se implemente la convertibilidad, el Presidente Menem había
decidido transformar la hiperinflacionaria y poco competitiva economía argentina
mediante una serie de reformas estructurales que se fueron implementando
con diverso éxito en las gestiones iniciales.
Estas fueron basadas principalmente
en un criterio desregulador y aperturista de la economía, que significara
un retroceso del Estado en su rol de árbitro y reimplantara en la Argentina
los criterios competitivos de una economía capitalista.
En esos años posteriores a
la caída del Muro de Berlín, era común analizar a los países que provenían
del sistema socialista. En la Argentina, que si bien no había sido un país
regido por un sistema comunista, habíamos estado tan lejos del capitalismo
occidental, como los que sí habían estado dentro del comunismo.
Estas reformas iniciadas en
1989 incluyeron los primeros esfuerzos por equilibrar la situación fiscal,
y entender internamente, y hacer entender a nuestros acreedores, que no
se podían usar las divisas compradas con emisión monetaria al sector privado
para hacer frente a los compromisos de la deuda externa.
En materia monetaria, se logró
en 1989 aprobar una Ley de Emergencia Económica, que generaba una Reforma
del Banco Central para hacerlo una entidad independiente del Poder Ejecutivo,
y para que tengo un solo objetivo en su accionar: mantener el valor de la
moneda.
Simultáneamente con estas reformas
macroeconómicas, si irían logrando otras no menos importantes como la apertura
comercial, la eliminación de los sistemas de promoción industrial y de crédito
dirigido, y las privatizaciones de empresas del Estado.
Todas estas reformas fueron
logradas con el fantasma de la hiperinflación como amenaza, lo que provocaba
la disposición de los legisladores a votar leyes que contenían “costos políticos”.
El argumento de que la Convertibilidad
fue necesaria para salir de la hiperinflación no se sustenta en los hechos
reales. La inflación promedio de los últimos meses de 1990 estaba claramente
por debajo del 5% mensual, que si bien es alta, es diez veces menor que
la que define hiperinflación, según la tradicional definición de Philip
Cagan. La gran inflación de Febrero de 1991, antes de la Convertibilidad,
se explica exclusivamente por las decisiones tomadas a fines de Enero de
ese año por el Ministro Cavallo: devaluar un 60% y aumentar la cantidad
de dinero en una suma igual.
Gráfico
1
Inflación Promedio
Mensual desde Ago 1989 a Abril 1991
Los
gráficos que acompañan demuestran muy claramente que la Convertibilidad
de Abril de 1991 no fue necesaria para salir de la hiperinflación, y que
para fines de 1990 ya se había logrado un adecuado control de las expectativas
económicas. Efectivamente, en el último trimestre de 1990 la inflación estaba
bajo control y declinando, las reservas se habían recuperado, y el mercado
cambiario estaba muy tranquilo.
Las razones por las que se
decidió seguir el camino fácil de la euforia, en lugar del tedioso “del
paso a paso” tiene más que ver con las circunstancias políticas, que con
las ideas económicas. Siempre existieron, en la Argentina y en todas las
economías subdesarrolladas, economistas que suscribieron las ventajas de
los tipo de cambio fijos o “fijados”. Pero este no era el caso del Presidente
Menem en sus primeros años de gobierno; el prefería la libertad de los mercados,
y sin ser un experto en materia cambiaria, prefería la libre flotación del
peso, así como la plena libertad de los todos los precios. Solía repetir
en esos primeros años de gestión que esas lecciones no las había aprendido
en la Universidad, sino en el comercio de sus mayores, quienes, recordaba,
ganaban más en épocas de controles de precios que en plena competencia.
Por conversaciones que he tenido en
esos momentos, puedo afirmar que fue la necesidad de ganar las elecciones
de mediados de 1991 lo que fue convenciendo a sus operadores políticos de
las ventajas de un sistema de cambio fijo. Finalmente, la corrida cambiaria
de Febrero de 1991, provocó un aceleramiento de los planes, y el arribo
del plan, otras veces demorado y muy poco debatido, de la Convertibilidad.
El impacto positivo de Convertibilidad
en la inflación, el crecimiento de los agregados monetarios, y el auge del
crédito y del consumo, son bien conocidos, ya que fueron profusamente difundidos
por sus actores intelectuales. También lo son las altas tasas de crecimiento
experimentadas durante la década. Pero son menos conocidas las distorsiones
que se fueron elaborando desde los primeros meses de la vigencia de este
modelo, y su impacto negativo en la rentabilidad empresaria, la asignación
de los recursos financieros, la ecuación fiscal y las demandas sociales.
Estos son los puntos donde pretendo poner el énfasis del presente trabajo,
estableciendo algunas hipótesis de causalidad cuya discusión entiendo será
muy provechosa para las generaciones que vienen.
La convertibilidad fue más
eficaz para funcionar como un candado para asegurar estas reformas, que
como un detonante de las mismas. Superado el riesgo hiperinflacionario a
fines del 90, era necesario restablecer un límite a las exigencias políticas,
y la regla de extrema austeridad monetaria cumplió muy bien ese rol.
Gráfico 2
3.
El funcionamiento perverso de la Convertibilidad
Gráfico 3
El ingreso de fondos
desde el exterior
El
mecanismo por el cual la convertibilidad en la Argentina generó una crisis
bancaria, esta relacionado con algunas distorsiones generadas en la etapa
inicial, la que fue muy eufórica, y con otros elementos agravantes generados
durante la etapa de ajuste para lograr la supervivencia de la Convertibilidad
cuando ya las circunstancias y las opiniones de muchos expertos indicaba
la conveniencia de su abandono.
En esos años iniciales, que
van fundamentalmente desde 1991 a 1995, se genera un ingreso de fondos desde
el exterior que producen una importante apreciación del peso, reduciendo
la competitividad de los bienes transables argentinos. Esta apreciación
era justamente lo contrario de la deflación que esperaban las autoridades
de ese momento, y que hubiera aumentado la competitividad de la industria
argentina. Ese influjo de fondos desde el exterior tiene que ver tanto con
la seguridad cambiaria que implicaba el “1 a 1”, como con el cambio favorable
de las expectativas generados por las reformas que se habían comenzado a
insinuar un par de años antes.
Gráfico 4
Impacto de la Convertibilidad en el Sector Externo
También incidió negativamente
en esos años una perversa asignación de los recursos crediticios disponibles
que benefició a los sectores menos competitivos de la economía argentina.
Efectivamente, ante el riesgo cambiario nulo, y el alto costo de los recursos
prestables, los bancos prefirieron asignarlos en los sectores menos expuestos
a la competencia externa. Así vimos el crecimiento de todas las actividades
comerciales y financieras, como shopping centers, malls, hoteles, sucursales
de bancos, seguros de vida, y de pensión. También crecieron en esos años
otros servicios como los hospitalarios, clínicas especializadas, escuelas
colegios y universidades. Y, como consecuencia de las privatizaciones, crecieron
espectacularmente los servicios de comunicaciones, electricidad, y gas,
y todas las actividades conexas. A modo de ejemplo, basta con consignar
que el números de teléfonos en la Argentina pasó de 3 millones a 15 millones
en esos años!
Gráfico 5
Asignación de los créditos bancarios 1992-2001
En este
gráfico se puede apreciar el espectacular aumento en los préstamos hipotecarios
en dólares desde 1994 a 2001, mientras que en ese mismo lapso, los adelantos
en pesos y dólares al sector privado, fundamentalmente empresas productivas,
fue prácticamente nulo. Como un ejemplo de lo que ocurría en esa década,
en 1999, el candidato a Gobernador e Intendente del Partido de Escobar,
afirmó muy francamente en televisión que: “Yo prefiero que en Escobar se
instale un barrio cerrado antes que una fábrica, ya que el barrio genera
empleo a jardineros, cocineras y personal de seguridad, en cambio la fábrica
seguramente cierra después de 6 meses”. Esto refleja cabalmente la cultura
prevaleciente en la Convertibilidad, y también la oferta de préstamos de
los bancos.
Nótese también en el gráfico como cae el crédito de los
bancos al sector productivo en la segunda fase de la Convertibilidad. Esto
se explica por la espectacular caída de la rentabilidad del sector productor
de bienes transables a partir de 1994, cuando se empieza a experimentar
con toda la fuerza el beneficio de los sectores protegidos de la competencia
externa, frente a la vulnerabilidad de aquellos que debían enfrentarla.
Efectivamente, estas dos distorsiones,
el ingreso de fondos especulativos y la asignación de préstamos a los sectores
menos competitivos, actuando simultáneamente, fueron tremendamente perjudiciales
para el desenvolvimiento de los sectores más competitivos.
Por un lado vieron incrementarse
los costos de producción (salarios, costos de servicios, alquileres, etc),
y simultáneamente se generó un auge en el mercado interno que impidió los
ajustes sectoriales necesarios para alentar la producción de bienes exportables,
o los competitivos con las importaciones.
A estos problemas que pudieron
haber sido evitados dentro de otros esquemas cambiarios, se le sumaron los
ajustes propios de las “reformas saludables”, como lo son las desregulaciones,
las privatizaciones y la apertura comercial al exterior. Indudablemente,
después de 5 décadas de vivir en una economía casi totalmente cerrada al
exterior, y sobre regulada por el Estado, la violenta introducción de criterios
competitivos iba a generar cierres de empresas y desocupación. Esta fue
inevitable, especialmente en aquellas actividades muy vinculadas a las empresas
privatizadas, y que sufrieron una impostergable reorganización. Este contingente
de desocupados no encontró trabajo en actividades productivas, porque estas
estaban siendo vulneradas en su rentabilidad y competitividad por las política
cambiaria y financiera de la Convertibilidad. Casi todos ellos buscaron
empleo en los servicios urbanos, siguiendo las inequívocas señales que emanaban
de la política económica. Este desempleo, con el tiempo, y especialmente
en las provincias, fue generando un problema fiscal, además del social.
Efectivamente, apareció ya en los primeros años de la Convertibilidad una
gran demanda por seguros de desempleo encubiertos mediante empleos públicos
en las zonas más afectadas por la falta de competitividad de sus actividades
productivas, o por el cierre de empresas privatizadas.
4.
La lógica de los intermediarios financieros.
No corresponde culpar a los intermediarios
financieros por estas asignaciones de recursos prestables o inversiones,
ya que la misma se produce dentro de la coherencia de las señales que se
impartían de la ecuación macroeconómica.
Siempre que tenemos un reflujo
de capitales provocado por un mejoramiento de la coyuntura económica, como
la vivimos durante 1990, y posiblemente también se de en la Argentina de
los próximos meses, se produce una apreciación del tipo de cambio. Esto
es inevitable, y no podemos culpar a un sistema cambiario ya sea este de
tipo de cambio fijo o flotante. Pero si este proceso de apreciación del
peso se da en un contexto de incertidumbre cambiaria, la asignación de los
recursos será totalmente distinta de si se produce en un régimen de cambio
fijo o con una incertidumbre cambiaria casi nula. La diferencia no reside
en la valuación real, sino en las perspectivas, y el costo, de la compensación
futura. De una apreciación cambiaria generada en la etapa del ciclo económico
de ingreso de capitales, se sale, en un contexto de cambio flotante, gradualmente,
y sin el costo de una crisis bancaria. Por el contrario, en un esquema rígido
de cambio fijo, la apreciación tiende a perpetuarse, y solo cabe devaluar
en términos reales, mediante un recesivo mecanismo de deflación, que tiene
otros inconvenientes que veremos más adelante.
El comportamiento de los bancos
en cada coyuntura es muy diferente. Empecemos considerando que la tasa de
interés media de los préstamos es, en términos internacionales, más elevada,
porque tienen un costo operativo superior al internacional, y parten de
un costo de los fondos (llámese riesgo país o costo argentino) bastante
más alto que el de las economías más solventes. En estas circunstancias,
los bancos deben enfrentar una difícil opción entre prestar en dólares a
tasas superiores a las internacionales a los sectores que enfrentan la competencia
internacional, o a los sectores de los llamados bienes no transables, que
no enfrentan dicha competencia del exterior.
Si las posibilidades de una
devaluación son muy bajas, van a decidir prestarle a los sectores que no
enfrentan competencia desde el exterior (básicamente a los servicios y al
gobierno), porque seguramente podrán pagar esas tasas de interés más altas
debido al auge de la demanda interna. Asimismo, los sectores productores
de bienes transables no podrán comprometerse a pagar tasas de interés mucho
más altas que las implícitas en los precios de los bienes extranjeros con
los cuales compiten. Si lo hacen, comprometen seriamente su capacidad de
generar ganancias, y constituyen en el mediano plazo un riesgo crediticio
más alto para los bancos. La consecuencia de esto es que tanto bancos como
demandantes de fondos paulatinamente se abstendrán de concertar esas operaciones,
por los riesgos para ambas partes involucradas. Como se puede apreciar en
el gráfico siguiente, las tasas de interés fueron muy altas durante la Convertibilidad.
Gráfico 6
Impacto de las
Tasas activas de Interés
Tasa anual efectiva
sobre préstamos
Tampoco
existe para estos sectores productores de bienes transables la posibilidad
de endeudarse en moneda local, ya que las tasas medidas en dólares serían
aún más altas, ya que incorporarían el riesgo de devaluación, por bajo que
este sea.
En cambio, los sectores productores
de bienes y fundamentalmente servicios no transables, aceptarán tasas de
interés mucho más altas que las internacionales, porque solo tienen que
preocuparse por una caída de la demanda interna. Los bancos lo entienden
así, y concentrarán su potencial de préstamos en estos sectores.
Obviamente, los escenarios
de certeza o incerteza cambiaria nunca son absolutos, y existen dispares
apreciaciones en las diferentes coyunturas económicas.
Esto se puede apreciar de diversas
maneras. A la Argentina de esos años llegaron más de 70.000 millones de
dólares para ser invertidos en bancos, en colocaciones bursátiles, Fondos
de Inversión del país y del exterior, en inversiones inmobiliarias, en títulos
públicos, en préstamos a los gobiernos provinciales y municipales, etc.,
que provocaron una seria distorsión de precios, perjudicando a los sectores
productores de bienes transables en la economía argentina.
La Distorsión de los Precios Relativos
Esta distorsión de precios tiene como contrapartida una
seria distorsión de utilidades, como puede observarse en el gráfico adjunto.
Las empresas de servicios y las entidades financieras tuvieron un comportamiento
mucho más rentable que las empresas industriales. Esto tuvo también una
implicancia geográfica muy significativa: los grandes centros urbanos eran
una excepción dentro del contexto de empobrecimiento y desocupación que
empezó a adueñarse del resto del país desde 1992.
La Dispar
Rentabilidad Empresaria
Esta situación empezó a manifestarse desde el comienzo
mismo de la Convertibilidad, por el impacto combinado de las reformas estructurales,
y del deterioro de la competitividad. Pero el auge de los servicios comerciales,
financieros y públicos, más la euforia de los mercados, dominaron la opinión
pública, y provocaron una seria fractura en el país. Se empezó a hablar
de las dos argentinas.
La cuestión de ¿Cuándo comenzó la crisis? es entonces
relevante, ya que la manifestación actual de destrucción de la industria,
crecimiento del desempleo, y deterioro social es anterior al comienzo de
la recesión en 1998, en coincidencia con la crisis de Rusia, como puede
verse a continuación.
Cuadro 1
Cuando empezó esta crisis?
1.
La desocupación está creciendo desde
IV/91
2.
La Desocupación es superior al 10% desde
Mayo/94
3.
La Población por debajo de la línea de Pobreza sube desde
Mayo/94
4.
La Rentabilidad Empresaria (bi. Transables) es negativa desde IV/95
5.
La deflación en los bienes transables comenzó en
I/96
6.
El crédito bancario nuevo al sector productivo es nulo desde
II/96
7.
El riesgo país promedios semestrales, comenzó a crecer en
IV/97
8.
Los indicadores sociales de salud/educación empeoran desde
IV/97
9.
La recesión, medida como variación del PBI, comenzó en el
III/98
10. La recaudación fiscal tradicional
(IVA y ganancias) cae desde III/98
11. La pérdida de reservas internacionales
(y/y) comenzó en I/01
12. La salida de depósitos, y la
asistencia del BCRA comienza en II/01
5.
La Reforma previsional de Julio de 1994
Nadie puede negar las virtudes últimas
de la reforma previsional de 1994, por la cual se decidió pasar súbitamente
de un sistema jubilatorio de reparto, a uno de capitalización. Tampoco se
puede negar que la Argentina no tenía los recursos para afrontar esa reforma
del modo que lo hizo.
Diversos estudios demuestran que esa
reforma tuvo un costo directo de $5.000 millones anuales, o sea casi 2%
del PBI durante los 7 años que pasaron desde que se implementó, y que en
términos relativos se mantendrá durante los próximos 7 años. Si a esta cifra
le sumamos los intereses que devengan las deudas contraidas para financiar
el desajuste financiero que la reforma ha provocado, en el año 2001, el
monto total, explica la totalidad del déficit fiscal. Considerando las tasas
de interés marginales pagadas desde 1994, la deuda pública externa motivada
por la Reforma representa el 30% del total.
Gráfico
9
Impacto
Previsional en el Déficit Fiscal
No
es el motivo de este trabajo profundizar sobre esta cuestión previsional,
pero no cabe ninguna duda que la misma fue solo posible dentro de la euforia
que genera un sistema cambiario como el de Convertibilidad. La Convertibilidad
posibilitó el financiamiento de esa reforma previsional, pero lo hizo a
un costo fiscal que seguramente explica una parte importante del colapso
de el año pasado.
La prueba de la insensatez de esta
reforma para la realidad de la Argentina de los 90’s es que países mucho
más solventes que nosotros, como Alemania y Nueva Zelanda, la están haciendo
gradualmente, y no apostando a que los mercados financieros ofrecerán los
recursos para cubrir los desfasajes generados por el cambio. A veces se
cita a la Reforma de Chile de 1981, como el ejemplo que la Argentina quiso
imitar, pero nos olvidamos algunas diferencias sustantivas, y algunas similitudes
que fueron ignoradas:
1.
En Chile se hizo compulsiva, mientras
que en la Argentina fue optativa, por lo que los contribuyentes al nuevo
sistema fueron muchos menos.
2.
En Chile se obligo a las AFP’s durante
los primeros 7 años a suscribir exclusivamente títulos del gobierno, mientras
que en la Argentina, hasta el 2001 se limitó esa inversión al 50% de la
cartera.
3.
Como en Chile la suscripción de títulos
públicos fue obligatoria la tasa de interés pagada por el Estado no se discutió:
fue el 5%. En la Argentina el Gobierno llegó a pagar el 19% en dólares a
las AFJP’s para que compren títulos públicos!.
4.
A los 2 años, el déficit que provocó la
Reforma en Chile alcanzó el 2% del PBI, y es una de las causas del colapso
bancario de 1982/3, a pesar de que su costo fue mucho menor que el de la
reforma argentina de 1994.
En conclusión, no cabe dudas que la
Reforma Previsional del 94 agravó considerablemente la situación fiscal
y financiera del sector público, y por ende, de todo el país. Pero no debemos
concluir que, sin ella, la Convertibilidad hubiera sido exitosa. Es probable
que, sin Reforma, el boom del mercado interno impulsado por los servicios
hubiera sido moderado, y la apreciación cambiaria, menor. Pero debemos admitir
que estaba dentro de la lógica interna de la euforia financiera de la Convertibilidad
ese mecanismo “optimista” de mantener el clima de la fiesta, para seguir
atrayendo los recursos financieros de corto plazo.
6.
El círculo vicioso o el “Funcionamiento
por las malas”.
Si es más difícil de apreciar las
distorsiones de la Convertibilidad en su período inicial hasta 1995, no
cabe dudas de que a partir de 1997, se inicia una etapa llamada de Círculo
Vicioso por Pedro Lacoste, o de Funcionamiento por las Malas, en diversos
artículos que he publicado en esos años. En los siguientes cuadros están
claramente expuestas las argumentaciones de Pedro Lacoste:
El
círculo Virtuoso 1991-95
El
Círculo Vicioso 1996-2001
Se puede argumentar si el período
post Tequila de 1995 a 1997 corresponde a el período de crecimiento virtuoso,
o al segundo caso de Funcionamiento por las malas. No cabe ninguna duda
que el crecimiento de 1996 sorprendió a casi todos los economistas, incluyendo
a varios del Gobierno. La explicación de ese período de crecimiento inesperado
tiene más que ver con la situación particular de Brasil, generando una fuerte
demanda de productos argentinos, a partir de la gran apreciación del Real
como consecuencia del lanzamiento del Plan homónimo. Pero más allá de este
hecho, pocas dudas caben que el clima mundial para inversiones en economías
como la Argentina cambiaron drásticamente a partir de la crisis mexicana
de diciembre de 1994. Obviamente, con la crisis del sudeste asiático de
1997, se confirma el cambio de expectativas y la nueva tendencia de los
flujos financieros y las tasas de interés. Ahí comienza a tejerse el colapso
del Plan Real, el que entraría en un tobogán imparable a partir de la crisis
de la Federación Rusa de Agosto de 1998, y terminaría en la devaluación
de Enero de 1999.
¿Están conectados estos dos círculos?
¿Del funcionamiento por las buenas, era inevitable pasar a un funcionamiento
por las malas?. Yo creo que sí, y esta es una de las hipótesis claves del
presente trabajo.
Esta claro que el combustible del
círculo virtuoso es la liquidez internacional y la búsqueda permanente de
nuevas alternativas de inversión por parte de los jóvenes administradores
profesionales de carteras de los grandes bancos. Estas decisiones de inversión
tienen dos características que han estado siempre presentes en las crisis
financieras internacionales.
a.
Tienes que hacer lo mismo que el resto,
pero antes, porque te evalúan cada trimestre., y
b.
Te pagan para comprar y vender papeles,
no para sentarte sobre ellos.
La combinación de estas dos máximas
en los operadores de estos bancos y fondos de inversión lleva a que fluyan
fondos en economías que ellos mismos consideran inviables en el largo plazo.
¡Tanto mejor para los operadores!, ya que pueden ganar con el alza, y también
con la baja de las cotizaciones. Yo he estado personalmente en el directorio
de varios de estos fondos de activos líquidos internacionales, y nunca se
ponía en duda como sería el final de la convertibilidad. Solamente importaba
si duraría 90 días más, porque ahí estaba la oportunidad de mayores ganancias.
Recordemos que, por sumas importantes, los grandes bancos en la Argentina,
nacionales y extranjeros, llegaron a pagar más del 10% anual antes del 2000,
lo que implicaba más de 700 puntos básicos de spread sobre el costo de esos
fondos, y una rentabilidad mucho más alta, porque se hacían inversiones
con apalancamiento.
Gráfico
10
Flujos
de Fondos hacia Latinoamérica
Este
perverso mecanismo de financiamiento a los países emergentes es inevitablemente
cíclico en su esencia, y tarde o temprano da lugar a un reflujo de los fondos.
Las causas que se invocan para detonar el proceso de reversión de los fondos
pueden ser de las más diversas, y estar o no vinculadas con la macroeconomía
del país receptor de esos fondos. En el caso de la Argentina, la situación
era mucho más vulnerable, porque esos fondos especulativos de corto plazo
no eran acompañados por préstamos a largo plazo, ni por inversiones directas.
Ambas categorías de inversiones habían disminuido considerablemente al iniciarse
el período de baja competitividad en los sectores industriales y agroindustriales.
Solamente siguieron por un tiempo más en actividades vinculadas a los servicios,
como son hoteles, shopping centers, barrios cerrados, desarrollos inmobiliarios,
etc.
Este flujo y reflujo de fondos a las
economías emergentes es independiente del régimen cambiario que se adopte,
y hasta de la situación macroeconómoca. Tiene más que ver con la obsesión
y la necesidad de los administradores de carteras de “descubrir” nuevos
destinos, y de saber “vender” esas decisiones para que sean imitadas por
los demás. El auge de esas economías sigue como “por añadidura”. El mayor
ejemplo de esto es Brasil, que aún en medio de la hiperinflación del 91
al 94 recibió enormes flujos financieros especulativos del exterior.
Entonces, ¿es la Convertibilidad la
culpable?. Lo que demostramos es que nunca la Convertibilidad podría haber
resistido la reversión que tarde o temprano ocurriría de los flujos financieros
internacionales. También es cierto que sin Convertibilidad también hubiéramos
sufrido un ciclo económico, como lo sufrieron las economías que mantenían
tipo de cambio flotante, y que no fueron exitosas en frenar los ingresos
de fondos especulativos ( hot money). Pero no cabe dudas de dos “méritos”
de la Convertibilidad:
a.
Al generar un escenario de “riesgo cambiario
nulo y gratuito” agravó enormemente el ingreso (y obviamente después el
egreso) de esos fondos.,y
b.
Generó las condiciones para una crisis
bancaria muy profunda, con consecuencias mucho más graves que las de un
simple ciclo recesivo.
A esta altura de la discusión, no
se puede dejar de mencionar al gran economista argentino, Raúl Prebisch,
probablemente el más grande de nuestro país, y de los muy grandes de Latinoamérica,
quien ya en 1935 advertía sobre los ciclos de “Centro y Periferia”, y la
necesidad de esterilizar los movimientos financieros internacionales entre
el primer mundo, y las economías emergentes.
7.
La cuestión Fiscal
Más allá del mejoramiento de la recaudación
impositiva en los años virtuosos de la Convertibilidad, otra hipótesis del
trabajo es que el deterioro fiscal generado en los últimos años del régimen,
era inevitable.
Efectivamente, la caída de la rentabilidad
empresaria en numerosos sectores de la economía, pero fundamentalmente en
la industria que soportaba la competencia externa, ya sea en importaciones
o exportaciones, y en la agroindustria, tuvo sus consecuencias fiscales.
La estructura impositiva argentina tenía tradicionalmente una importante
fuente de recursos que dependía directa o indirectamente de la rentabilidad
empresaria. Obviamente el impuesto a las ganancias está atado a esa variable,
pero este siendo importante, no ha sido el más significativo en la estructura
de ingresos. Es el impuesto al valor agregado quien más ha sufrido por las
dificultades empresarias, aunque parezca paradójico. Efectivamente, las
contribuciones al fisco deben salir de la ganancia neta, independientemente
de cómo los impuestos se calculen. Si un negocio, o una actividad industrial
o agropecuaria, no tienen un margen de utilidad suficiente para pagar los
impuestos, entonces, la "tentación" de actuar por fuera de la
ley es mucho mayor. Nadie (o muy pocos debería decir) pagan impuestos, cuando
no les alcanza para hacer frente a los salarios y/o los insumos de una actividad.
En este caso estarían pagando impuestos sobre quebrantos, y los deberían
financiar con deudas o con capitalizaciones.
En la realidad empresaria de la Argentina
de los 90’s, los márgenes de rentabilidad cayeron notablemente, especialmente
en las empresas medianas y pequeñas en casi todos los rubros de actividad.
Producto de las desregulaciones, o de la sobre inversión en algunas actividades,
o de la nueva transparencia competitiva de la estabilidad, lo cierto es
que así como hubo mucha expansión de actividad, también cayeron los márgenes
operativos. Frente a márgenes sobre ventas muy bajos, en muchos casos menores
al 5% de la facturación, las contribuciones al Impuesto al Valor Agregado
(cuya alícuota fue creciendo del 13% al 18%, y posteriormente al 21%) eran
verdaderos impuestos al patrimonio, o, en el mejor de los casos, representaban
impuestos a las ganancias altísimos.
A estos impuestos “ineludibles” deben
sumarse los impuestos al trabajo. Si tomamos el promedio de incidencia del
costo laboral (un 35% de las ventas), el impuesto al trabajo suma otros
8 puntos al IVA, lo que transforma el costo impositivo antes de ganancias
en casi el 30% de las ventas!. Muy pocas actividades pudieron hacer frente
a esta carga impositiva a partir de 1995 en la Argentina, y esto explica
el permanente deterioro de la recaudación, disimulado en los años de gran
crecimiento económica, y fundamentalmente aportado por las empresas más
grandes.
Del lado de los gastos, el incremento en la pobreza
generó una importante demanda de gasto público a nivel municipal, provincial
y nacional. En la medida que la desocupación y la subocupación, ver el gráfico
adjunto, fueron avanzando, la población afectada fue recurriendo más a los
hospitales, escuelas públicas y centros asistenciales públicos, dejando
de lado las propuestas pagas o privadas. Pero más importante aún, los dirigentes
políticos, especialmente en las localidades menores o en las Provincias,
fueron saturados por reclamos de empleos, que no eran otra cosa que seguros
de desempleo encubiertos. Esta demanda, que podemos justificarla o no, pero
fue un hecho inconstrastable, generó una importante expansión del gasto
público en los tres órdenes federales. Esto empezó en las provincias del
norte del país, que fueron más afectadas por las privatizaciones, pero luego
se extendió al resto. Al comienzo estos gastos fueron financiados con endeudamiento,
ya sea externo, o con los bancos locales, pero siempre con garantías de
coparticipación. Cuando los flujos financieros empezaron a escasear, empezaron
a recurrir a la asistencia del Estado Nacional, pero nunca pudo hacerse
un gran ajuste, porque justamente, se fueron agravando las condiciones económicas,
y aumentándose la demanda de mayores gastos asistenciales, en sentido amplio.
Gráfico
11
Situación
Fiscal ¿Falta de ajuste?
La
acción combinada de los menores ingresos por incapacidad de pago, y la demanda
por mayores gastos por la crítica situación social, es la explicación más
simple y más real del extrangulamiento fiscal, que fue el detonante del
colapso de la Convertibilidad a partir de 1998.
Desde
entonces se intentaron numerosos planes de ajuste fiscal, muy audaces algunos,
que incluyeron medidas que serían inaceptables en la mayoría de las economías
de occidente; entras las más destacables cabe mencionar que se impusieron
impuestos sobre los intereses pagados sobre los préstamos, y reducciones
de las jubilaciones y los salarios nominales.
A
este deterioro fiscal estructural, e íntimamente vinculado con la dinámica
de la Convertibilidad, deberíamos agregarle el derivado de la Reforma Previsional
ya comentada y al costo del endeudamiento, que crecía por el doble impacto
de más deuda e intereses más altos. Se puede ver en el gráfico de más arriba
que el déficit fiscal sin reforma previsional es siempre menor que los intereses
pagados.
Nos
queda claro que el argumento: la Convertibilidad es un buen sistema,
pero tendríamos que haber tenido equilibrio fiscal, es una contradicción
en si misma. Nunca se puede esperar solvencia fiscal de un sistema cambiario
y financiero que promueve las actividades no competitivas, genera pobreza,
y se financia con endeudamiento de corto plazo en gran medida.
La
economía argentina enfrentó, como dijimos, fuertes ajustes especialmente
durante los años 1998 al 2001, los que agravaron el problema en lugar de
aliviarlo. Estos ajustes fueron pagados y/o sufridos principalmente por
los sectores productivos, y generaron nuevas dificultades fiscales, agravando
el círculo vicioso antes descripto.
En
la teoría, la forma de devaluar en términos reales una moneda cuando hay
un régimen de tipo de cambio fijo, pasa por la deflación. Efectivamente,
la economía argentina experimentó una fuerte deflación en los últimos 6
años de la Convertibilidad, como puede apreciarse en el siguiente gráfico.
Además, se recuperó un 15% la paridad cambiaria frente al dólar, por la
significativa diferencia entre las respectivas tasas de inflación.
Gráfico
12
Evolución
de Inflación en Argentina y los Estados Unidos
Pero
esa recuperación es solo estadística, porque los que bajaron fueron precisamente
los precios de los bienes transables, y las reducciones de costos, fundamentalmente
salarios, fueron la expresión de la profunda crisis de rentabilidad por
la que atravesaba el sector. En cambio, en esos años de deflación relativa,
apenas bajaron los salarios del sector público, y de los servicios en general,
produciéndose un incremento en los impuestos, las tasas de interés, y de
los servicios públicos privatizados. Eso ratifica lo expuesto por John Keynes
80 años antes, cuando criticaba a los defensores del retorno del Gold Standard,
y explicaba la diferente velocidad deflacionista de precios y salarios,
en la Inglaterra de posguerra.
En la Argentina de los 90’s la caída
de los precios de los bienes transables, como alimentos, artículos para
el hogar e indumentaria, llegó a promediar un 30% o más. Pero lejos de representar
una posibilidad de ahorro para las familias, o de reducción de salarios
para las empresas, esa “ganancia” fue absorbida por los mayores costos de
los bienes no transables.
8.
La cuestión Social
Como
ya lo expresamos más arriba, durante la Convertibilidad se produjo un enorme
deterioro social, que fue el resultado de las políticas que golpearon duramente
sobre el aparato productivo, y de las reformas estructurales que no pudieron
ser compensadas con devaluaciones competitivas por las rigidez del sistema
cambiario utilizado.
Lamentablemente,
en otro esquema cambiario, se podría haber utilizado el producto de las
privatizaciones, o el costo de la atrevida y audaz reforma previsional,
en desarrollar actividades para aliviar el costo inmediato de estas reformas,
con seguros de desempleo por ejemplo, y atacar las verdaderas raíces de
la desocupación con programas de educación que eleven la calidad de la oferta
laboral.
El
gráfico que sigue es sumamente explícito con respecto a la evolución del
desempleo y la pobreza, desde el mismo comienzo de la Convertibilidad, a
pesar de estar la economía saliendo entonces de la década de menos crecimiento
económico de los últimos 50 años, debido al flagelo hiperinflacionario de
los 80’s.
Gráfico
13
Evolución
del Desempleo y la Pobreza durante la Convertibilidad
Recordemos
que esta cuestión social represente un grave problema ético y económico,
por cuanto pone el peso del esfuerzo en un sector desprotegido de la sociedad,
mientras que los sectores más adinerados disfrutaron de una fiesta de grandes
ingresos, servicios accesibles, y una moneda sobrevaluada que les permitía
copiar los patrones de ingresos de los piases más adelantados.
9.
El Colapso de la Convertibilidad
Mucho se ha discutido sobre las posibilidades
de salir ordenadamente de la Convertibilidad, y hasta cuando estas estuvieron
presente. Yo estoy entre los que cree que nunca se sale a tiempo de un modelo
de tipo de cambio fijo, por lo menos en democracia. El razonamiento es el
siguiente. ¿Por qué van los políticos a devaluar cuando la población considera
que está mejor con el tipo de cambio fijo?
Está claro que se tendría que haber
abandonado la Convertibilidad cuando México devaluó en diciembre de 1995,
y todo el mundo lo habría aceptado. O a más tardar cuando lo hace Brasil,
en enero de 1999, siendo ese país nuestro principal socio comercial. Pero
en ambas oportunidades, estábamos entrando en años electorales, y la Convertibilidad
gozaba ( aún la tiene) de una gran popularidad. La razón de esta popularidad
es en parte debida al proceso de estabilización, y en parte a la conveniencia
de los que mantienen deudas en dólares, y temían por el efecto de las devaluaciones.
Por cualquier razón que sea, los políticos jamás hubieran aceptado el consejo
de los economistas, como me consta personalmente, por el costo político
de semejante medida.
Eliminada la posibilidad de salir
anticipadamente, solo cabía esperar que las circunstancias internacionales
mejoraran y evitar un colapso bancario. Obviamente esto no ocurrió, y en
el año 2000 comenzó la cuenta regresiva. Los depósitos que venían a aprovechar
los altos intereses comenzaron a retirarse, y se inició una muy difícil
tarea de ingeniería financiera para evitar le desfinanciamiento del sector
público, agobiado por fuertes vencimientos y déficits, que lo obligaban
a recurrir al mercado por más de U$S 20.000 millones por año.
Las renuncias de los Ministros Machinea
y Lopez Murphy durante el verano de 2001 fueron claras muestras de la inviabilidad
de los esfuerzos por salir de la crisis mediante ingenierías financieras
o shocks de ajuste fiscal. La llegada del Dr Cavallo generó las expectativas
positivas de que quien fuera el padre del sistema, fuera capaz de saber
salir de él ordenadamente. Efectivamente, el Ministro Cavallo llega con
la idea de incluir al Euro en la fórmula de la convertibilidad, lo que hubiera
significado una devaluación, pero de impacto limitado. Lamentablemente,
la falta de apoyo político, y sobretodo de la banca, le impidieron al ministro
seguir adelante con la idea. Entonces este se refugió nuevamente en una
ultra ortodoxa propuesta de eliminación del déficit fiscal, la que obviamente
no resultó, y se aceleró la huida de depósitos, y la recesión económica.
Finalmente, en Noviembre del año pasado,
muchas entidades bancarias solo sobrevivían por la asistencia monetaria
del Banco Central, poniendo en riesgo la ecuación de la convertibilidad.
Para evitar trampear esta norma, y evitar también el cierre de entidades,
a principios de diciembre se decidió implementar el conocido “corralito”,
que no era sino el establecimiento de limitaciones a los retiros de los
bancos. Con estas normas, la vigencia de la Convertibilidad fue solo teórica,
ya que si bien subsistía la conversión 1 a 1 del dinero en efectivo, no
se podía transformar los saldos en cuentas bancarias en efectivo. Pagando
con cheque o transferencia, utilizando la intermediación de títulos que
cotizaban en Buenos Aires y New York, el dólar se cotizaba en diciembre
de 2001 a 1,30 pesos.
La Convertibilidad había caído justamente
porque su implementación significaba el abandono del rol de prestamista
de última instancia que siempre tienen los bancos centrales. Al pretender
asegurar la conversión del peso billete con el dólar billete, se había roto
la posibilidad de convertir el peso depósito bancario en peso billete. Se
había fracturado al sistema financiero, y para disimular el fracaso de la
Convertibilidad se había preferido matar la confianza del público en el
sistema financiero, con el corralito, y su sucesor inevitable, el corralón:
la limitación para transferir depósitos a plazos entre los bancos.
La tesis central de esta ponencia
es entonces que la Convertibilidad fue creando las condiciones para el default
público y privado, las dificultades fiscales y consecuentemente para el
colapso bancario. El régimen duró mucho más de lo que hubiera sido imaginable,
gracias a la obstinación de los actores políticos y técnicos, y a pesar
de los enormes costos pagados en términos económicos y sociales. Sin convertibilidad
se hubiera crecido más moderadamente en los años de la euforia, pero no
se habría experimentado un endeudamiento semejante, ni se habría producido
un colapso bancario de igual magnitud.
El
Agotamiento de la Convertibilidad
Tasas
de crecimiento del PBI